INTRODUCCION
La antigua Roma o Roma antigua fue tanto la ciudad de Roma como el Estado que fundó en la Antigüedad. La civilización romana, de origen latino, se formó en el siglo VIII a. C. a partir de la agrupación de varios pueblos de la Italia central. Roma se expandió más allá de la península itálica y, desde el siglo I hasta el siglo V, dominó el mundo mediterráneo y la Europa Occidental mediante la conquista y la asimilación de las élites locales. Durante estos siglos, la civilización romana fue una monarquía, una república oligárquica y posteriormente un imperio autocrático. Su dominio dejó un importante legado lingüístico, jurídico, artístico, religioso y cultural que contribuyó profundamente a dar forma a la civilización occidental.
La imagen de una ciudad en continuo progreso no se corresponde plenamente con la complejidad de los hechos. Su historia no ha sido de crecimiento continuo: el progreso (a ritmos muy diferentes) ha sido seguido por el estancamiento y a veces incluso el retroceso. Sin embargo, los romanos lograron resolver las dificultades internas nacidas de la conquista bajo la República transformando sus instituciones republicanas. Así, en los primeros siglos de la época imperial, el territorio bajo el poder de Roma alcanzó su máxima extensión
A partir del siglo III, el mundo romano sufrió las grandes invasiones de los bárbaros del norte de Europa y Asia. Para resistirse a ellos, el Imperio tuvo que crear una nueva estructura burocrática y militar. Este periodo coincidió con el establecimiento del cristianismo como religión del Estado y la división del Imperio en una mitad occidental y oriental. Presa de la inestabilidad interna y de las invasiones germánicas, la parte occidental del Imperio (que incluía Hispania, Galia, Britania, África del Norte e Italia) colapsó en el año 476. Sin embargo, la parte oriental del Imperio, gobernada desde Constantinopla (que incluía Grecia, Anatolia, Siria y Egipto) sobrevivió a esta crisis. A pesar de la pérdida de Siria y Egipto por la expansión musulmana, el Imperio oriental continuó desarrollándose hasta que fue finalmente destruido por el Imperio otomano en 1453. Este imperio medieval y cristiano, llamado «Imperio romano» por sus habitantes, pero llamado «Imperio bizantino» por los historiadores modernos, es la última etapa evolutiva y sin interrupción del poder imperial y la administración del Imperio romano.
La civilización romana se estudia a menudo en la Antigüedad clásica junto con la antigua Grecia, una civilización que inspiró gran parte de la cultura de la antigua Roma. Además de su modelo original de ejercicio del poder (hay innumerables príncipes que quisieron imitarlo o se inspiraron en él), la Roma antigua contribuyó en gran medida al desarrollo del derecho, las instituciones y leyes, la guerra, el arte y la literatura, la arquitectura y la tecnología, así como los idiomas en el mundo occidental.
Roma fue clave para la historia universal, porque supo adaptarse a los cambios y dejar huellas culturales y políticas que aún existen.
UBICACION GEOGRAFICA
El Imperio romano fue uno de los más grandes de la historia. Dominó una extensión territorial continua a lo largo de Europa, África del Norte y Oriente Próximo, desde el Muro de Adriano en la lluviosa Inglaterra hasta las soleadas costas del río Éufrates en Siria, desde las fértiles planicies de Europa Central hasta los exuberantes márgenes del valle del Nilo en Egipto. La noción de imperium sine fine (imperio sin fin) manifestaba la ideología romana de que su imperio no estaba limitado en el espacio y el tiempo. La mayor parte de la expansión romana se llevó a cabo durante la república, aunque algunos territorios del norte y centro de Europa no fueron conquistados hasta el siglo I d. C., periodo que correspondió a la consolidación del poder romano en las provincias. Res gestae, un relato en primera persona del emperador Augusto que narra su vida y, sobre todo, sus obras, destaca el número de pueblos de las regiones del imperio. La administración imperial realizaba censos con frecuencia y mantenía registros geográficos meticulosos.
El Muro de Adriano en el norte de Inglaterra, dividió al Imperio romano de la constante amenaza de los bárbaros, es el principal testigo superviviente de la frontera del territorio y la política de consolidación.
El imperio alcanzó su mayor extensión territorial durante el reinado de Trajano (r. 98-117), correspondiente a una área de aproximadamente 5 millones de km² y actualmente dividida por cuarenta países. Tradicionalmente, se estimó que la población durante este periodo llegó a ser entre cincuenta y cinco y sesenta millones de habitantes, lo que vendría siendo entre la sexta y cuarta parte de la población mundial y el mayor número de habitantes de cualquier unidad política de Occidente hasta mediados del siglo XIX. Sin embargo, estudios más recientes estimaron que la población pudo alcanzar entre los setenta y cien millones de habitantes. Cada una de las tres ciudades más grandes del imperio —Roma, Alejandría y Antioquía— tenía el doble del tamaño de cualquier ciudad europea hasta principios del siglo XVII. Adriano, sucedor de Trajano, abandonó la política expansionista y optó por una de consolidación del territorio, así que defendió, fortificó y patrulló las regiones fronterizas.
Roma me parece muy bien ubicada porque estaba rodeada de colinas que la protegían, además de estar cerca del río Tíber, lo que facilitaba el comercio, la agricultura y la comunicación con otras regiones.
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CLIMAS
El clima de la antigua Roma varió a lo largo de su existencia. En la primera mitad del primer milenio antes de Cristo, el clima de Italia era más húmedo y fresco que ahora y el sur, actualmente árido, recibía más precipitaciones. Las regiones del norte estaban situadas en la zona de clima templado, mientras que el resto de la península se encontraba en la zona subtropical, con un clima cálido y suave. Durante el deshielo anual de las nieves de las montañas provocaban que incluso los ríos más pequeños se desbordaran, anegando las tierras (la Toscana y las marismas pontinas se consideraban intransitables en la antigüedad). La existencia de la civilización romana (incluido el Imperio bizantino) abarcó tres períodos climatológicos: Subatlántico temprano (900 a. C.-175 d. C.), Subatlántico medio (175-750) y Subatlántico tardío (desde 750).
Las evidencias de fuentes documentales, arqueológicas e indicadores paleoclimáticos demuestran, de forma independiente pero consistente, que durante el periodo de máxima expansión y crisis final del Imperio romano, el clima sufrió cambios. La mayor extensión del Imperio bajo Trajano coincidió con el óptimo climático romano. El cambio climático se produjo a diferentes ritmos, desde una aparente casi inmovilidad durante los inicios del Imperio hasta rápidas oscilaciones durante su decadencia. Aun así, existe cierta controversia entre los investigadores sobre la existencia de un período generalmente más húmedo en el Mediterráneo oriental entre el c. 1 d. C. y el 600 d. C.
Clima estable
Durante la época de la monarquía y la República en Roma, se produjo el fase climática denominada período Subatlántico, en la que también se desarrollaron las ciudades-estado griegas y etruscas. Se caracterizó por veranos frescos e inviernos suaves y lluviosos.
Al mismo tiempo, hubo una serie de rigurosos inviernos, incluida la congelación total del Tíber en los años 398 a. C., 396 a. C., 271 a. C. y 177 a. En los siglos posteriores, los informes de inviernos duros ocasionales se asociaron más con inundaciones que con la congelación del río. Las pruebas de un clima mediterráneo más frío entre el 600 a. C. y el 100 a. C. provienen de los vestigios de antiguos puertos en Nápoles y en el Adriático, que se encuentran a un metro por debajo del nivel actual del mar. Edward Gibbon, citando fuentes antiguas, pensó que el Rin y el Danubio se congelaban con frecuencia, lo que facilitaba la invasión de los ejércitos bárbaros en el Imperio "sobre un vasto y sólido puente de hielo". Sugiriendo un clima más frío, Gibbon también sostenía que durante la época de César era común encontrar renos, mientras que en su época no se observaban estos animales al sur del Báltico.
Durante el principado de Augusto el clima se hizo más cálido y persistió la aridez en el norte de África. Los biotopos de Heterogaster urticae (un tipo de chinche), que en la época romana se encontraban más al norte que en la década de 1950, sugieren que a principios del Imperio las temperaturas medias de julio eran al menos 1 °C superiores a las de mediados del siglo XX. Plinio el Joven escribió que el vino y las aceitunas se cultivaban en zonas más septentrionales de la península italiana que en los siglos anteriores, igual comentario hicieron Saserna (tanto padre como hijo) un siglo antes de Plinio
Creo que este clima ayudó mucho al desarrollo de su civilización, ya que aseguraba alimento suficiente y condiciones adecuadas para que la ciudad creciera fuerte y estable.
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RECURSOS NATURALES
La República de Roma dominaba una vasta extensión de tierra con enormes recursos naturales y humanos, se estima que hacia el siglo II d. C. la población del imperio rondaría los 50 millones, distribuidos en cerca de 5 millones de kilómentros cuadrados. Como tal, la economía en la antigua Roma se mantuvo concentrada en la agricultura y el comercio. El comercio agrícola libre cambió el panorama italiano y, por el siglo I a. C., las enormes haciendas dedicadas al cultivo de la vid, de los cereales y del olivo, propiedad de grandes terratenientes, habían estrangulado a los pequeños agricultores, que no pudieron igualar el precio del grano importado. La anexión de Egipto, Sicilia y Cartago (actual Túnez) proporcionó un suministro continuo de cereales. A su vez, el aceite de oliva y el vino fueron las principales exportaciones de Italia. Ya por entonces se practicaba la rotación de dos hojas, pero la productividad agrícola en general fue baja: alrededor de 1 tonelada por hectárea.
Agricultura
La agricultura era una actividad que estaba muy bien considerada dentro de la sociedad romana, al contrario de lo que sucedía con la artesanía. Roma, en sus orígenes, había sido una comunidad de pastores y agricultores, por lo que la tradición hacía de esta actividad una profesión casi sagrada. Incluso los Patricios se dedicaban al cultivo de la tierra y a la cría del ganado: estos patricios eran propietarios de grandes haciendas cuyo mantenimiento y explotación recaía en la mano de obra esclava que vivía en estas fincas durante todo el año al cuidado de un capataz que, a su vez, era un esclavo de confianza del propietario. Estas enormes fincas producían todo tipo de alimentos. Si se daba el caso de que la explotación se encontraba cerca de alguna ciudad, los frutos de la cosecha se trasladaban diariamente a su mercado y se vendían, ya que solían ser productos que se estropeaban con el paso del tiempo, tales como frutas, hortalizas y verduras frescas, que eran muy apreciadas por los habitantes de las grandes ciudades.
Escena de recolección en la época romana
Por el contrario, si la explotación agrícola se encontraba muy alejada de las urbes, los productos frescos eran utilizados para el consumo inmediato de los propietarios (que solían vivir en las fincas alejadas, apartados del bullicio de las ciudades) y trabajadores libres y, en menor medida, esclavos de la explotación. Los productos que se vendían en la civitas (ciudad) eran los que no perecían con el paso del tiempo, tales como vino, uvas, aceite, aceitunas, trigo, cebada, avena etc., cultivos a los que se dedicaba la mayor cantidad de terreno para su producción.
Existían también campesinos libres que cultivaban su propia tierra con la ayuda de sus propias familias, o bien los que arrendaban parcelas a los Patricios (cuyas posesiones podían extenderse ininterrumpidamente durante kilómetros y kilómetros) a cambio de dinero o a cambio de pagos en especie, generalmente una fracción de la cosecha que el campesino producía.
La técnica que los romanos usaban al cultivar la tierra ha perdurado, en lo esencial, hasta nuestros días. En primer lugar, como en todos los países mediterráneos de la actualidad, se practicaba la rotación de dos hojas. Esta rotación consistía, y consiste, en cultivar y dejar en barbecho los campos alternativamente, para mantener la fertilidad del suelo y acumular humedad. Este tipo de rotación se adaptaba a los suelos arenosos y a los veranos largos y secos de la cuenca mediterránea, aunque no a los del Noroeste de Europa (como en la Galia Lugdunense), donde los suelos son más compactos y el arado romano, debido a su debilidad, no podía levantar la tierra. Por ello cultivaban las tierras arenosas calizas de las lomas, dotadas de su drenaje natural, y evitaban los suelos más compactos, pero más fértiles, de valles y mesetas.
Lo que no ha perdurado hasta hoy es la técnica que los romanos usaban para arar los campos. Los arados romanos eran muy ligeros, como se acaba de indicar. Por lo tanto, al ser de madera, no dejaban los característicos surcos que podemos observar hoy en día en las tierras aradas. En su lugar, este arado lo único que conseguía era arañar la superficie de la tierra, por lo que el agricultor tenía que dibujar una cuadrícula por toda la parcela, para aprovecharla en toda su extensión.
Azada romana de hierro, 2000 años de antigüedad. Puede ser vista en el Field Museum of Natural History (Chicago).
La época más activa en el campo era el otoño. Hacia principios de octubre se empezaba a sembrar el trigo y la cebada, terminando a mediados, o incluso a finales, de noviembre. Una vez finalizada la siembra, hacia mediados de diciembre, había que recoger las aceitunas, que posteriormente eran prensadas para obtener aceite, el cual se almacenaba en tinajas de barro precintadas con brea que eran destinadas a la venta o a su posterior consumo por parte de los residentes en la explotación. Además, el otoño era el momento de la matanza del ganado, con el adobe y el embutido de sus carnes (con las que se fabricaban exquisitos jamones, lomos adobados, chorizos y una especie de mortadela); del esquile de las ovejas y del arado de las tierras.
En el invierno, sin embargo, las actividades que se realizaban eran menos pesadas, aunque igualmente importantes. La mayoría de los trabajos invernales eran de índole doméstica, es decir, era la época de las reparaciones, de tejer cestos de mimbre, de fabricar queso, herramientas, tinajas y arados, de tejer la lana de las ovejas y curtir pieles etc.
El verano era igual de intenso que el otoño, ya que, a finales de primavera, comenzaba la temporada de recogida de las hortalizas, seguida de la siega de la cebada y del trigo hasta casi principios del otoño, ya en septiembre, que terminaba con la recogida de las uvas, la vendimia, y su posterior prensado para hacer vino.
Puede decirse que la vida del campesinado en tiempos de la Antigua Roma era muy dura; además, los campesinos solían vivir en condiciones muy humildes, rozando el umbral de la pobreza (y traspasándolo, generalmente), y de ninguna manera llegaban a percibir los mismos ingresos que un carpintero o que un alfarero, por ejemplo, que trabajara en la ciudad, ya que en ésta existía un grado de especialización que no se daba en el campo. Pero los campesinos también tenían sus jornadas de descanso. Cuatro veces al mes, cada siete días, los campesinos (libres, eso sí) detenían sus actividades y acudían a la ciudad a vender sus productos, a comprar simiente y utensilios variados e incluso a asistir al circo.
Además, hacia finales del invierno los campesinos realizaban una serie de fiestas, las Paganalia, mediante las cuales por mandato de los dioses entonces reposaba el arado, pues la religión establecía el descanso tanto para el criado y el buey como para el labrador y el dueño. Habitualmente, estas fiestas se realizaban en enero, por lo que ni la cosecha ni las labores relativas al ganado sufrían alteración alguna.
Solemos pensar que en lo que respecta al campo los romanos no hicieron grandes avances tecnológicos. Aquí nos equivocamos, puesto que, además de generalizar el arrendamiento de las parcelas de tierra (a otros ciudadanos o al Estado) promovieron el uso de molinos de agua y, en menor medida, de viento para poder moler el grano; inventaron una mejorada prensa de aceite, novedosas técnicas de regadío y generalizaron el uso de abonos y otros fertilizantes naturales.
El comercio en Roma
El comercio romano fue el motor que condujo a la economía de finales de la República y principios del Imperio. Modas y tendencias de la historiografía y cultura popular han tendido a no ocuparse de la base económica del imperio en favor de la lengua franca que fue el latín y las hazañas de las legiones. Tanto la lengua como las legiones fueron apoyadas por el comercio, siendo al mismo tiempo parte de su espina dorsal. Los romanos eran hombres de negocios y la longevidad de su imperio se debió a su comercio.
Debido a que, ya en el último siglo de la República (y no digamos en la época imperial), la península italiana no podía mantener a una población tan numerosa solamente con los recursos locales, se importaban los productos necesarios para la manutención y el buen funcionamiento de la industria y la vida romana de las provincias donde se producían. Gracias a la denominada Pax Romana, el comercio se desarrolló en las condiciones más favorables.
Una de las mayores exportaciones de Italia en tiempos de la Antigua Roma fueron sus excelentes vinos.
Así, la piratería y el bandidaje, que habían supuesto serias amenazas para el comercio, habían sido eliminados casi por completo. Pero la ya citada Pax romana no sólo hizo posible el auge del comercio hasta cotas nunca antes vistas, sino que provocó un espectacular crecimiento demográfico. Este crecimiento fue más acusado en el Mediterráneo occidental, ya que el oriente estaba muy poblado. Y, como todos los economistas saben, un aumento de la población suele producirse por un aumento en el nivel de vida de los ciudadanos. Según diversas estimaciones, la población del Imperio en tiempos de César oscilaba en torno a los 60 millones de personas. Parece probable que el número de habitantes del Imperio a la muerte de Marco Aurelio (180 d. C.), fuese, al menos, el doble que a la muerte de Julio César (44 a. C.). Estas cifras atestiguan, por sí solas, el espectacular aumento demográfico que se produjo, ya que en unos 224 años, la población del Imperio se multiplicó por dos. Y es muy probable que estas personas que habitaban el Imperio estuvieran en una situación económica superior a la de millones de personas, tanto de ámbito agrícola como urbano, de Asia, África y Sur América de hoy en día.
Generalmente, la vía de transporte más utilizada, a pesar de las famosas calzadas romanas, era el Mediterráneo, que se convirtió en la gran vía del tráfico comercial, con una prosperidad que nunca antes había alcanzado. Y, dicho sea de paso, rara vez volvería a brillar con tanta luminosidad. Como es fácil imaginar, el próspero comercio arrastraba consigo gentes, lenguas, costumbres, religiones y problemas de mil orígenes y naturalezas, convirtiendo a Roma en un foro internación.
HISTORIA
La historia de Roma es la historia de la ciudad de Roma como entidad urbana y la historia de los estados e instituciones de los cuales ha sido capital o sede a lo largo del tiempo. Se puede dividir en prehistoria, Roma antigua, Roma medieval, Roma moderna y contemporánea; o bien en Roma antigua, Roma pontificia y Roma italiana contemporánea.
El período más fecundo de la historia de Roma en términos políticos, económicos, sociales y culturales fue su desarrollo en la Edad Antigua, concretamente en la Antigüedad clásica. Fue la cabeza de un gran Estado imperial y sede de una nación establecida en tres continentes. En su momento de mayor desarrollo el imperio creado por Roma alcanzó los tres millones y medio de kilómetros cuadrados y unos setenta millones de habitantes, entre ciudadanos y no ciudadanos. Roma es, así, una de las ciudades que han jugado un papel importante en la historia de la humanidad. Se la ha llamado la Ciudad Eterna. La civilización romana, junto la griega, ha sido la madre cultural de las modernas naciones occidentales.
La historia posterior de Roma, sea en la Edad Media y en las épocas sucesivas, presenta un carácter más bien comunal, localista, y está casi siempre ligada a la historia del papado, la de Italia y la de pueblos, reinos e imperios que intentaron ejercer dominio sobre la ciudad.
Con casi tres mil años de historia, la ciudad es un buen ejemplo del desarrollo cíclico que puede tener una entidad urbana: un desarrollo geográfico y demográfico hasta el límite de lo posible (Antigua Roma), el estancamiento y el declive hasta casi desaparecer (Edad Media), y un nuevo desarrollo (Edades Moderna y Contemporánea). Pocas ciudades han tenido tal evolución y jugado a la vez un rol tan importante en la historia de la humanidad, ya sea como crisol de civilizaciones o sede de importantes movimientos artísticos y de instituciones, tanto civiles como religiosas. La persistencia de esta ciudad y de su población, en medio de tantos avatares históricos, efectivamente constituye el hecho destacado.
Civilización de Roma
Los primeros vestigios de asentamientos en la zona de Roma se remontan a la prehistoria.
Las pistas siguientes se remontan a la Edad de Piedra y se relacionan con la llegada de un grupo de pueblos indoeuropeos conocidos como itálicos y como parte de un fenómeno general de la migración que parece haberse llevado a cabo hacia la península italiana en dos oleadas; la primera correspondería a los itálicos pertenecientes al subgrupo latino-falisco y, la segunda, a los itálicos pertenecientes al subgrupo osco-umbro.
Algunos de los del primer grupo, y en modo especial los latinos, ocuparon el valle del río Tíber. Su territorio limitaba con el de varios otros grupos de poblaciones itálicas y, en el norte, con el importante pueblo preindoeuropeo de los etruscos. El pueblo itálico de los volscos, de origen osco, ocupó la parte sur del Lacio mientras, otro pueblo osco, los sabinos, se instaló un poco más al norte y al oeste de los montes Apeninos.
La ubicación de Roma se debió sin duda a su papel crucial en el servicio de la intersección de la vía acuática y terrestre que, a través del vado de la isla Tiberina, conectaba Etruria con Campania, o bien el mundo etrusco con el de la Magna Grecia. El área de Roma se fue constituyendo como un sector de encuentro de las diversas vías de comunicación que confluían en ella y cuyo recuerdo ha quedado registrado en el posterior trazado de importantes avenidas, tales como el punto de bifurcación de la Vía Apia y Latina.
El primer asentamiento preurbano de Roma se constituyó en el Monte Palatino (existe evidencia de que este se remonta al siglo XIV a. C.). Luego, la ocupación se fue extendiendo hacia el Quirinal y las colinas del Esquilino. Los restos arqueológicos han demostrado que a finales de la Edad del Bronce y comienzos de la del Hierro existía a lo largo del Tíber hasta Ostia una densa red de aldeas que poblaban las colinas adyacentes.
La ciudad se formó a través de la unión de las diversas aldeas, proceso que duró varios siglos, hasta desembocar en un verdadero centro urbano. La leyenda de Rómulo podría denotar al gestor de la primera unificación de los núcleos aldeanos en una sola entidad urbana.
El surgimiento de Roma y la civilización romana
Nacida como una humilde ciudad-Estado, Roma aprovechó al máximo sus ventajas geográficas, sus fortalezas políticas, sociales, económicas y militares, expandiéndose territorialmente fuera del Lacio. Unificará Italia y conquistará todos los territorios que rodean el Mar Mediterráneo, formando el último y mejor organizado imperio de la Antigüedad; en el proceso difundirá por todas sus provincias la cultura latina mezclada con la griega y helenística, y echará las bases de la futura Civilización Occidental.
Fundación de Roma
La tradición clásica expresa que la ciudad se fundó en el 753 a. C. a orillas del río Tíber por personajes legendarios hijos de Rea Silvia y el dios Marte; estos dos niños varones, fueron abandonados a orillas del río Tíber, donde fueron amamantados por una loba llamada Luperca (loba capitolina, símbolo de Roma) y luego criados por unos pastores que los tomaron como hijos propios. En el mismo lugar donde fueron amamantados por la loba, fundaron una ciudad. Rómulo más tarde mató a su hermano Remo por una disputa por el coste de la entrada a la ciudad, la que fue entonces llamada Roma (ciudad de Rómulo).
Lo que en verdad se sabe es que Roma fue fundada en forma progresiva por la instalación de tribus latinas en el área de las tradicionales siete colinas, mediante la creación de pequeñas aldeas en sus cimas, que terminaron por fusionarse (siglo IX y siglo VIII a. C.). La historiografía contemporánea considera errónea la antigua tradición romana de atribuirle la fundación a un único personaje como fue Rómulo; más histórica es la figura del rey etrusco quien le dio a Roma una verdadera fisonomía ciudadana gracias a su obra urbanizadora a finales del siglo VII a. C.
Desarrollo urbanístico durante la Antigüedad
Cuando los núcleos latinos que habitaban las colinas del Quirinal, Esquilino y Celio se fusionaron con los del Palatino, fortificaron el recinto habitado, y así se inició la primera fase de la Roma antigua hacia el siglo VIII a. C. (Roma Quadrata). De esta época data la creación de las cuatro regiones en las que estuvo dividida la ciudad en tiempos históricos. Durante una segunda fase, el perímetro de la ciudad se extendió por el monte Capitolino y por un pequeño valle que lo separaba del Palatino (allí se emplazó el Foro romano). Del siglo VI a. C. son las principales construcciones: Palacio Real, Foro, Cloaca Máxima y Tullianum.
Hacia 510 a. C. se fundó el templo de Júpiter Capitolino, y de la misma época son los templos de Saturno (498 a. C.), de (484 a. C.) y otros. Siguió un período de gran actividad constructiva: templos, basílicas, acueductos y caminos consulares (Vía Apia, Vía Latina, Vía Flaminia, etc). Una extensa reorganización se llevó a cabo en la época de Augusto, que incluyó la división de la ciudad en catorce regiones y la construcción y reconstrucción de templos y monumentos. El incendio de la ciudad en el 68 atribuido a Nerón -aunque otras fuentes lo desmienten-, hizo desaparecer gran cantidad de edificios, reconstruidos poco después por el mismo emperador.
La obra iniciada por Nerón fue continuada por sus sucesores: Vespasiano (Coliseo), Tito, Domiciano (renovación de los templos de Vesta, Augusto y Minerva, del Estadio, el Odeón, el Panteón, etc.). La obra de este último emperador fue proseguida por Trajano (Foro y Termas), Adriano (puente Elio, templos de Marciana y de Venus, Mausoleo, etc.), Septimio Severo, Caracalla (Termas). Aureliano dotó a Roma, en el siglo III, de las grandes murallas que llevan su nombre. En tiempos de Majencio se construyó la basílica homónima, y de Constantino, su sucesor, se conservan el Arco del Triunfo, las Termas Constantinas y las Elenianas.
Durante los siglos III y IV se mantuvo Roma en todo su esplendor, hasta el año 410, en que fue asaltada y saqueada por Alarico; a partir de este momento se inició su decadencia monumental.
Respecto a las cifras de población la ciudad alcanzaba los 300 000 habitantes para comienzos del siglo I a. C.; en el inicio del siglo I d. C.. alcanzaba los 500 000 hab. La ciudad llegaría, en su máximo desarrollo demográfico, en plena época imperial (siglo II d. C. al siglo III d. C.), a una cifra estimativa que oscila entre el millón y el millón y medio de habitantes.
Roma demuestra cómo una ciudad pequeña puede convertirse en potencia mundial gracias a organización, estrategia y cultura.
ESCRITURA
La cursiva romana se utilizó durante todo el periodo romano bajo dos modalidades que constituyen dos tipos de escritura totalmente diferentes: la cursiva más antigua (siglos I al III) formada por caracteres mayúsculos y una escritura compuesta por letras minúsculas que se desarrolla a partir del siglo III.
Papiro escrito con cursiva romana antigua con extractos de discursos pronunciados al Senado bajo el reinado de Claudio.
Cursiva romana antigua
La antigua cursiva romana, o capital cursiva, era un tipo de escrituras especializado que se aprendía en el segundo nivel del sistema de enseñanza romano, frente a la capital que se enseñaba en el nivel elemental. Era, por lo tanto, una modalidad gráfica característica de determinados profesionales o de personas que habían superado los niveles más elementales de la educación romana. Así, la cursiva antigua fue la escritura característica de la burocracia, mientras que la capital se utilizaba como una escritura de aparato para usos solemnes y para todo aquello a lo que se quería otorgar difusión. Por ejemplo, mientras que los originales de las leyes municipales que se guardaban en los archivos estaban escritos en cursiva sobre papiro, cuando dichas leyes se disponían para conocimiento público se copiaban en capital sobre placas de bronce que se clavaban en los muros de los principales edificios públicos.
Los centenares de tablillas procedentes de Vindolanda (Inglaterra) son un buen ejemplo del uso especializado de la escritura cursiva que se hizo, en este caso, para la administración militar de una fortaleza romana.
En el siglo siglo II a. C. el autor teatral Plauto, en su obra Pseudolus, hace la siguiente alusión a la dificultad para leer una escritura de ejecución rápida como era la cursiva antigua:
Comparación entre las letras de la cursiva romana antigua y la minúscula del Bajo Imperio, según la caligrafía aparecida en las tablillas de Vindolanda.
La cursiva romana antigua posee un alfabeto que evolucionó desde la capital romana como demostró Jean Mallon en 1952. La morfología de su alfabeto es bastante diferente al de la capital, debido a la simplificación y esquematización que se produce al ejecutar la escritura a gran velocidad.
Cursiva romana nueva
La cursiva romana nueva, también denominada minúscula cursiva o cursiva romana final, se usó desde el siglo III hasta el siglo VII aproximadamente. Este tipo de escritura, junto con la uncial y semiuncial romanas, serían la base que permitiría la aparición en la Antigüedad Tardía de las escrituras características de los primeros reinos bárbaros, como por ejemplo la visigótica (España, Portugal y la Septimania francesa), la merovingia (Francia), la rética (Suiza), la beneventana, la insular (Irlanda y Gran Bretaña), la longobarda (Italia), etc. Las formas de sus letras son más reconocibles para los ojos modernos que las de la antigua, ya que una forma más familiar y parecida a las actuales. El tamaño de las letras es más proporcionado respecto de las otras, en lugar de variar tanto y están más alineadas en la base del reglón. Esto evolucionaría en la Edad Media, conocidas como minúsculas carolingias, que se usaron en el siglo IX en el Imperio carolingio en lo que hoy es Francia y Alemania.
Dentro de la escritura cursiva romana nueva, hay dos tipos: la escritura uncial y la semiuncial. La escritura uncial, llamada así por un error de interpretación en un texto de San jerónimo, es el primer tipo de escritura usada exclusivamente a la fabricación de libros, se trata de una variante caligráfica de la escritura cursiva nueva adaptada al soporte pergamino, que une las formas mayúsculas y minúsculas. Esta variante aparece en el siglo IV y pervivió hasta época carolingia, cuando fue definitivamente relegada por la escritura carolina. Por su parte, la escritura semiuncial, denominada así por una versión recortada de un texto que pertenecía al obispo y posteriormente papa Hilario en el siglo V, una variante libraria de la escritura cursiva nueva, en este caso totalmente minúscula. Esta variante surge en el siglo V, utilizado por autores paganos y a partir del siglo VI en textos cristianos y para satisfacer la amplia demanda de libros con una escritura menos solemne pero más económica y como en el caso de la uncial, su uso se prolongó hasta la época carolingia. Según Jan-Olaf Tjäder, filólogo clásico sueco, la cursiva romana nueva influyó en el desarrollo no sólo de la uncial, sino en todas las formas de escritura de la Edad Media.
La evolución de la cursiva romana me parece muy importante porque muestra cómo la escritura se fue adaptando a las necesidades de la sociedad.
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ARQUITECTURA
La arquitectura de la Antigua Roma (en latín, Architectura Romana [antiquitas]) es probablemente uno de los testimonios más significativos de la cultura romana. Se caracteriza por haber adoptado el lenguaje externo de la arquitectura griega clásica, a la que le agregó varias innovaciones originales. Los dos estilos a menudo se consideran un cuerpo, lo que se conoce como arquitectura clásica. La arquitectura romana floreció en la República romana y más aún bajo el Imperio, cuando se construyó la gran mayoría de los edificios supervivientes. Usó nuevos materiales, particularmente el hormigón romano, y tecnologías como el arco de medio punto, la arcada, la bóveda y la cúpula para hacer edificios que normalmente eran fuertes y bien diseñados.
La arquitectura romana abarca el período comprendido entre el establecimiento de la República romana en el año 509 a. C. hasta aproximadamente el siglo IV d. C., después de lo cual hace presencia la arquitectura tardía antigua o bizantina. Casi ningún ejemplo sustancial sobrevive desde antes del año V a. C., y la mayoría de las supervivencias más importantes provienen del Imperio posterior, después de aproximadamente el año C d. C. El estilo arquitectónico romano siguió influyendo en la construcción durante muchos siglos, y el estilo utilizado en Europa occidental a partir del año 1000 se llama arquitectura románica en referencia a la dependencia de las formas romanas básicas de aquel tiempo.
Los romanos comenzaron a lograr una originalidad significativa en la arquitectura alrededor del comienzo del período imperial, después de que combinaron aspectos de su arquitectura original etrusca con otros tomados de Grecia, incluyendo la mayoría de los elementos del estilo que ahora llamamos arquitectura clásica. Pasaron de la construcción basada principalmente en columnas y dinteles a una basada en paredes masivas, puntuadas por arcos y cúpulas posteriores. Los órdenes clásicos ahora se volvieron más decorativos que estructurales, excepto en las columnatas. Desarrollos estilísticos incluyen el toscano y órdenes compuestos; el primero es una variante abreviada y simplificada del orden dórico, y el compuesto es un orden elevado con la decoración floral del corintio y las volutas del jónico. El período comprendido aproximadamente entre el 40 a. C. y el 230 d. C. tuvo los mayores logros, antes de la crisis del siglo III y los problemas posteriores que redujeron la riqueza y el poder organizador del gobierno central.
Los romanos construyeron lugares públicos masivos, obras de ingeniería civil,y templos no públicos que fueron responsables de desarrollos significativos en la vivienda y la higiene pública, por ejemplo, sus baños y letrinas públicos y privados, calefacción por suelo radiante en forma de hipocausto, acristalamiento de mica (ejemplos en Ostia Antica), y agua caliente y fría entubada (ejemplos en Pompeya y Ostia)(etc).
La arquitectura romana refleja innovación у grandeza. Usaron materiales y técnicas que aún hoy son referencia, y lo mejor es que no solo construyeron para mostrar poder.
DOCTRINA RELIGIOSA
La religión en la antigua Roma consistía en diversas prácticas religiosas imperiales y provinciales, que eran seguidas tanto por el pueblo de Roma como por aquellos que estaban bajo su dominio.
Los romanos se consideraban muy religiosos y atribuían su éxito como potencia mundial a su piedad colectiva ( pietas ) por mantener buenas relaciones con los dioses . Su religión politeísta es conocida por haber honrado a numerosas deidades .
La presencia griega en la península itálica desde el inicio del período histórico influyó en la cultura romana , introduciendo prácticas religiosas que se volvieron fundamentales, como el culto a Apolo . Los romanos buscaron puntos en común entre sus dioses principales y los de los griegos ( interpretación griega ), adaptando los mitos y la iconografía griegos a la literatura latina y al arte romano , como lo habían hecho los etruscos . La religión etrusca también ejerció una gran influencia, en particular en la práctica del augurio , utilizada por el estado para conocer la voluntad de los dioses. Según las leyendas , la mayoría de las instituciones religiosas de Roma se remontan a sus fundadores , en particular a Numa Pompilio , el segundo rey sabino de Roma , quien negociaba directamente con los dioses . Esta religión arcaica fue la base del mos maiorum , «el camino de los antepasados» o simplemente «tradición», considerado fundamental para la identidad romana.
La religión romana era práctica y contractual, basada en el principio do ut des («doy para que tú des»). La religión dependía del conocimiento y la correcta práctica de la oración, el rito y el sacrificio, no de la fe ni del dogma, aunque la literatura latina conserva eruditas especulaciones sobre la naturaleza de lo divino y su relación con los asuntos humanos. Incluso los más escépticos de la élite intelectual romana, como Cicerón , augur, veían la religión como una fuente de orden social. A medida que el Imperio romano se expandía, los migrantes a la capital trajeron consigo sus cultos locales , muchos de los cuales se popularizaron entre los romanos. El cristianismo fue finalmente la más exitosa de estas creencias, y en el año 380 se convirtió en la religión oficial del estado .
Para los romanos comunes, la religión formaba parte de la vida cotidiana. Cada hogar contaba con un santuario familiar donde se ofrecían oraciones y libaciones a las deidades domésticas de la familia . Santuarios vecinales y lugares sagrados, como manantiales y arboledas, salpicaban la ciudad. El calendario romano se estructuraba en torno a las observancias religiosas. Mujeres , esclavos y niños participaban en diversas actividades religiosas. Algunos rituales públicos solo podían ser realizados por mujeres, y las mujeres formaban lo que quizás sea el sacerdocio más famoso de Roma: las Vestales , sostenidas por el Estado , que cuidaron el hogar sagrado de Roma durante siglos, hasta su disolución bajo la dominación cristiana.
La religión romana demuestra lo esencial que era la espiritualidad en la vida diaria y en la organización social.
DIOSES
Júpiter: Dios del cielo
Júpiter era considerado como el equivalente romano del dios griego, Zeus. Júpiter era hermano de Neptuno y Plutón. Era el rey de los dioses, también conocido como el dios del cielo o el gran protector. Controlaba el clima y las fuerzas de la naturaleza, y era conocido por enviar rayos para advertir a los ciudadanos de Roma.
Juno: Reina de los Dioses
Juno, basada en la diosa griega Hera, era la esposa de Júpiter. Se dice que era la Reina de los Cielos, así como del parto y la fertilidad. El mes de junio deriva del nombre Juno.
Saturno: Dios del tiempo
Saturno fue el primer rey de los dioses, y también era conocido como el dios del tiempo. Saturno lleva una guadaña, una herramienta que se usa para cortar cultivos. El festival de Saturno, Saturnalia, se convirtió en uno de los festivales romanos más populares. Cuando Saturno murió, el mundo se dividió entre sus hijos, Neptuno, Plutón y Júpiter.
Neptuno: Dios de los mare
Neptuno es el equivalente romano de Poseidón. Era la deidad del mar, aunque más tarde también se le asoció con los ríos. En el arte, a menudo se le muestra con un tridente y un delfín.
Plutón: Dios del inframundo
Plutón era el hermano de Júpiter y Neptuno, y dios del Inframundo. Los romanos creían que el inframundo era el lugar al que iba la gente después de la muerte.
Venus: Dios del amor y la belleza
Venus se basa en la diosa griega Afrodita y es la diosa del amor, la belleza y la fertilidad. Según la leyenda, Venus nació de la espuma del mar. Es por eso que en el arte a menudo se la representa surgiendo de las olas.
Minerva: Diosa de la Sabiduría
Minerva es el nombre romano de Atenea, más comúnmente conocida como la diosa de la guerra, sin embargo, también era la diosa del comercio, la industria y la educación. Cuenta la leyenda que surgió de la cabeza de Júpiter.
Marte: Dios de la guerra
Marte es la versión romana de Ares. Era el dios de la guerra y el segundo al mando de Júpiter. Marte fue considerado el padre de Rómulo y Remo, los míticos gemelos creadores de Roma.
Mercurio: Mensajero de los Dioses
Mercurio es la versión romana de Hermes, y es el dios de la traducción, interpretación y mensajero de los dioses. Fue considerado uno de los más inteligentes de todos los dioses del Olimpo y fue un mensajero para ellos. También gobernó sobre la riqueza, la buena fortuna y el comercio.
Apolo: Dios del sol
Apolo mantuvo su nombre griego y también se le conoce como Febo en la literatura romana. Apolo tenía muchos trabajos y responsabilidades, ya que era el dios del tiro con arco, la música, la danza, la curación y la enfermedad, así como el sol y la luz. Fue visto como uno de los dioses romanos más influyentes y era hijo de Júpiter/Zeus.
Diana: Diosa de la Caza
Diana es la versión romana de Artemisa. Era la diosa de los animales salvajes, la caza, la luna, la castidad y el parto. Era la hermana gemela de Apolo y era muy popular entre los romanos que vivían en las zonas rurales.
Ceres: Diosa de la agricultura y el amor familiar
Ceres era el equivalente romano de la diosa griega Deméter. Tanto en Grecia como en Roma, era la diosa del grano y la agricultura, por lo que era extremadamente importante para los agricultores y se le atribuía enseñar a los humanos cómo cultivar, conservar y preparar el cultivo como el maíz. Se pensaba que ella era responsable de la fertilidad de la tierra. A diferencia de muchos de los dioses, se creía que Ceres desempeñaba un papel activo en la vida cotidiana. También estuvo fuertemente asociada con la maternidad y el amor maternal, debido a su estrecha relación con su hija Proserpina (o Perséfone), la esposa de Hades. Los romanos creían que las estaciones se debían a que Deméter se ponía de luto durante la mitad del año cuando Proserpina estaba en el inframundo con su marido durante los meses de invierno, y celebraba su regreso haciendo fértil la tierra durante el verano.
La mitología romana me parece fascinante porque refleja cómo los romanos trataban de explicar la naturaleza, la vida y hasta la organización social a través de sus dioses.
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CARACTERISTICAS
Estos son los 12 dioses griegos y romanos con su equivalencias:
Dioses romanos | Atributos | Dioses griegos |
Saturno | Dios del tiempo | Cronos |
Tellus | Diosa de la tierra | Gea |
Júpiter | Dios del cielo y de todos los dioses | Zeus |
Juno | Diosa protectora del matrimonio, la fertilidad y la familia | Hera |
Minerva | Diosa de la Sabiduría y de las artes estratégicas | Atenea |
Diana | Diosa de la caza | Artemisa |
Apolo o Febo | Dios de las artes, de la belleza, del sol, del tiro con arco | Apolo |
Mercurio | Dios del comercio y mensajero | Hermes |
Marte | Dios de la guerra | Ares |
Vulcano | Dios de la forja y del fuego | Hefesto |
Venus | Diosa del amor y la belleza | Afrodita |
Neptuno | Dios de los mares | Poseidón |
Ceres | Diosa de la agricultura | Deméter |
Plutón | Dios del inframundo | Hades |
Pienso que los dioses no solo eran creencias, sino también una forma de enseñar valores, temores y aspiraciones del pueblo romano.
LUGAR SAGRADO
Los lugares sagrados de los romanos eran diversos y reflejaban su sistema de creencias. Incluían los templos (como el Panteón), el Foro Romano (centro religioso y cívico), las basílicas (estructuras civiles que luego se usaron para el culto cristiano), y lugares como el Monte Palatino y las catacumbas, que tenían un significado religioso y cultural.
Templos
Panteón: Una obra maestra de la arquitectura y lugar de culto pagano que se transformó en iglesia cristiana, dedicada a todos los dioses y después a los mártires.
Templos del Foro Romano: El Foro albergaba templos dedicados a deidades y figuras importantes, como el Templo de Cástor y Pólux y el Templo de la Concordia.
Centros religiosos y cívicos
Foro Romano: No solo era el centro de la vida política y comercial, sino también un espacio religioso donde se realizaban ceremonias y se erigían templos importantes.
El Campidoglio: La zona del Capitolio era un importante centro religioso y político, con templos dedicados a Júpiter y Saturno.
Edificios multifuncionales y monumentos
Basílicas: En el Imperio Romano, eran edificios civiles y judiciales, pero con la llegada del cristianismo, muchas se convirtieron en iglesias y basílicas mayores de la cristiandad, como la Basílica de San Juan de Letrán, la catedral de Roma.
Termas: Estos complejos de baños públicos, aunque centrados en el bienestar, también incluían gimnasios y bibliotecas, sirviendo como centros sociales y lugares de reunión.
Lugares de importancia espiritual y cultural
Monte Palatino: Uno de los siete montes de Roma, este lugar tiene una gran importancia histórica y arqueológica, siendo el sitio donde se dice que Rómulo fundó la ciudad.
Catacumbas: Cementerios subterráneos, especialmente de la época cristiana, donde se celebraban ritos y se rendía culto a los muertos.
Me parece increíble cómo los romanos integraban lo religioso con lo político y lo social.
PLANTA SAGRADA
La primera referencia que tenemos sobre el silfio, una planta muy usada en la Antigüedad como medicamento y condimento, nos la proporciona el historiador griego Heródoto: "Confinan con estos los Giligamas, situados hacia Poniente hasta la isla Afrodisiada. Frontera del medio de este país viene a caer la isla Platea, que poblaron los Cireneos. En su continente se halla el puerto de Menalao y también la región de Miris en que los Cireneos habitaban. Desde allí comienza el silfio, que desde la isla de Platea se extiende basta la boca o entrada de la Sirte". Tal fue la importancia que llegó a adquirir el silfio, que su imagen se imprimió en el reverso de las monedas acuñadas en Cirene desde finales del siglo VI a.C. Gracias a ellas podemos conocer más o menos el aspecto que tenía esta planta, que se extinguió alrededor del siglo I d.C.
Parece ser que el silfio ya se empleaba en la Prehistoria, y su uso fue extendiéndose por todo el Mediterráneo hasta el punto de que tanto egipcios como minoicos (los habitantes de la isla de Creta) tenían un símbolo específico que la representaba en sus sistemas de escritura. Aunque había plantas parecidas en otros lugares, se creía que sólo la que crecía silvestre en la estrechas franja de la costa Cirenaica tenía las mejores características. Naturalistas como Teofrasto o Plinio el Viejo ponderaron las propiedades del silfio y destacaron sus usos en la cocina y la medicina, e incluso como forraje para el ganado. Su uso medicinal abarcaba múltiples aplicaciones, también como anticonceptivo. Conocido también como laserpicio por los romanos, el silfio fue considerado tan valioso como el oro o la plata. El propio Plinio, en su Historia Natural, lo define así: "El laserpicio, al que los griegos llaman silfion, originario de Cirenaica, cuyo jugo es llamado láser, es excelente para uso medicinal y es pesado en denarios de plata".
Misteriosa desaparición
Hacer una lista de los usos del silfio sería ardua tarea: sus tallos se horneaban, salteaban o hervían para ser consumidos como si de una verdura se tratase, mientras que sus raíces se comían frescas o con vinagre. En época romana, de sus brotes se extraía un aromático perfume, y la savia se dejaba secar y se rallaba sobre manjares delicados. Como curiosidad podemos decir que el origen del corazón como símbolo del amor tiene sus orígenes en las semillas de esta planta, cuya forma es muy parecida.
El silfio me parece fascinante porque fue una planta tan valiosa que llegó a considerarse como oro.
ANIMALES SAGRADOS
El animal sagrado principal de los romanos era el águila, símbolo de Júpiter y asociado a la fuerza y el poder militar, ya que era el estandarte de las legiones. Otros animales sagrados incluían la loba, que simbolizaba la fundación de Roma a través de Rómulo y Remo, y los gansos que estaban dedicados a la diosa Juno y se consideraban sagrados por haber salvado la Colina Capitolina.
El Águila
Símbolo de Júpiter: El águila estaba asociada a Júpiter, el dios principal del panteón grecorromano, y se creía que podía mirar al sol sin dañarse los ojos, lo que simbolizaba la valentía y la virtud.
Estandarte de la legión: El águila fue el estandarte de las legiones romanas, que representaba el espíritu y la unidad de cada unidad militar.
Mensajero de los dioses: Se consideraba que las águilas eran mensajeras divinas, capaces de transmitir oraciones y ofrendas a los dioses.
La Loba
Símbolo de Roma: La loba amamantando a Rómulo y Remo es el símbolo de la fundación de la Ciudad Eterna, y es vista en todo lugar desde la escultura del Capitolio hasta murales en los edificios.
Orígenes míticos: La loba representa la leyenda que da origen a la ciudad de Roma y su cultura.
Los Gansos
Animales divinos de Juno: Los gansos eran considerados animales divinos y estaban dedicados a Juno, la reina de los dioses.
Salvadores de Roma: Una leyenda cuenta que el estado de alerta de los gansos salvó a la Colina Capitolina y, por lo tanto, a la propia Roma, de un ataque de los galos.
Otros animales
El cerdo, cordero y ternero: Estos animales (cerdo, oveja y toro) se usaban en un ritual de sacrificio llamado suovetaurilia para purificar la tierra y ofrecerla a Marte.
El caballo: Los caballos eran animales importantes en Roma, no solo para el transporte, sino también como símbolo de estatus y para las carreras.
Los animales sagrados muestran cómo los romanos explicaban su origen y valores a través de símbolos.
OBJETOS SAGRADOS
El mobiliario doméstico relacionado con ceremonias religiosas en las civilizaciones griega y romana, pertenecen al culto pagano, bien del culto público y oficial, o bien del doméstico y privado. Han quedado representados en esculturas y piezas numismáticas. Pueden destacarse:
el ara, de piedra y algunas veces, de bronce, que tiene la forma de pedestal o de pequeña y gruesa columna con una excavación, por lo común en la parte superior y casi siempre con relieves e inscripciones votivas en alguna de sus caras
el altar (de alta ara), lo mismo que la anterior pero de mayores dimensiones y más adornos como dedicada a los dioses mayores
el altar taurobólico, mayor todavía que los anteriores destinado al sacrificio de toros
la pátera o gran plato redondo y muy artístico (de metal, vidrio o barro) con asas o sin ellas que se destinaba a recibir la sangre de las víctimas
la secéspita o cuchillo de forma triangular y ancho para el degüello y la partición de los animales del sacrificio
la segur (securis) o hacha para sacrificar los toros
el málleus o mazo para golpear a la víctima
el trípode o mesita redonda con tres pies altos para la ofrenda de frutos y para servir de ara y como instrumento de adivinación
el capis, cuenco de bronce o de barro con dos asas para contener el vino en los sacrificios
el praeferículum, jarra elegante y de metal con un asa para las libaciones
el símpulum, calderilla con un mango o asa vertical para sacar el vino de los anteriores vasos
la fiala, copa de poco fondo y provista de dos asas para el mismo objeto
la hidria o labrum, tinaja para el agua lustral
el aspergillum, aspersorio de largos crines, sujetos a un mango
el batillus, pala de metal para quemar en ella incienso y perfumes
el cochleare, cucharilla de metal para sacar el incienso de la acerra o urna o caja del mismo y echarlo en el thuribulum (incensario) o directamente en el ara
Asimismo, aparecen representados en el reverso de monedas romanas otros objetos religiosos relacionados con la indumentaria, tales como el ápex o ápice, especie de mitra cónica, terminada en punta y adicionada con sus filámina o tiras pendientes, emblema de la dignidad sacerdotal y el lituo o bastón de augur en forma de corto cayado, símbolo de la adivinación que ejercían los sacerdotes. También tienen carácter religioso algunos candelabros, trompetas, flautas dobles y campanillas. Completarían este capítulo de obejetos domésticos de carácter religioso pagano los amuletos o figurillas que a modo de relicarios o de talismanes se llevaban con objeto de preservarse de ciertas desgracias, así como los exvotos.
Los objetos sagrados me parecen una muestra del cuidado con el que los romanos realizaban sus rituales.
MITOS DE LA CREACION
El mito de la creación de los romanos se centra en la legendaria fundación de Roma por los gemelos Rómulo y Remo, hijos de la sacerdotisa Rea Silvia y del dios de la guerra, Marte. Tras ser abandonados en el río Tíber y amamantados por una loba, fueron encontrados y criados por un pastor. Al crecer, decidieron fundar una ciudad, pero una disputa sobre el lugar de fundación llevó a que Rómulo matara a Remo y se convirtiera en el primer rey de Roma, nombrando la ciudad en su honor.
Origen y abandono
Los gemelos Rómulo y Remo eran hijos de Rea Silvia, una princesa de Alba Longa que fue forzada a convertirse en sacerdotisa vestal por su tío Amulio, para evitar que ella tuviera hijos que reclamaran el trono.
Marte, el dios de la guerra, se enamoró de Rea Silvia y de su unión nacieron Rómulo y Remo.
El rey Amulio ordenó que los niños fueran arrojados al río Tíber, y una cesta los llevó a la orilla, donde una loba los encontró y los amamantó hasta que fueron descubiertos por un pastor.
Fundación de la ciudad
Los gemelos fueron criados por el pastor Faustulo y su esposa, y al descubrir la verdad sobre su origen, decidieron vengar a su madre.
Después de derrotar al rey Amulio, Rómulo y Remo decidieron fundar su propia ciudad cerca del lugar donde fueron rescatados.
Surgió una disputa sobre la ubicación: Rómulo quería fundar la ciudad en el monte Palatino, mientras que Remo prefería el monte Aventino.
El fratricidio y el nacimiento de Roma
Para decidir el lugar, los hermanos acordaron buscar señales divinas; Rómulo observó un vuelo de aves sobre el Palatino, mientras que Remo afirmó haber visto las aves primero.
La disputa se intensificó cuando Remo cruzó las fronteras sagradas que Rómulo estaba trazando, en un acto de provocación.
En un arranque de ira, Rómulo atacó a su hermano, y tras el fratricidio, se convirtió en el primer rey de Roma, la cual fundó y nombró en su propio honor.
El mito de Rómulo y Remo me parece muy llamativo porque combina lo divino con lo humano.
RITOS FUNERARIOS
El rito funerario de la religión romana es el conjunto de rituales religiosos que acompañan al entierro de los antiguos romanos. Formaban parte de la tradición («mos maiorum»), el código no escrito del que los romanos derivaban sus normas sociales.
Los cementerios romanos se encontraban fuera del límite sagrado de sus ciudades («pomerium»). Eran visitados regularmente con ofrendas de comida y vino, y celebraciones especiales durante las fiestas romanas en honor a los muertos. Los monumentos funerarios aparecen en todo el Imperio romano, y sus inscripciones son una importante fuente de información para la historia desconocida. Un sarcófago romano podría ser una obra de arte cuidadosamente elaborada, decorada con relieves de esculturas que representan una escena alegórica, mitológica, o histórica, o una escena de la vida cotidiana. Aunque los entierros eran una ocupación familiar, existían gremios o colegios que proporcionaban servicios funerarios para sus miembros.
Cuidado de los muertos
El cuidado de los muertos reunió dos actitudes emocionalmente opuestas. En la antigüedad greco-romana, los cuerpos de los muertos eran considerados como contaminantes. Al mismo tiempo, el deber amoroso hacia los antepasados (pietas) era una parte fundamental de la cultura romana antigua.
Normas legales
Después del final de la dominación etrusca, los legisladores romanos se volvieron muy estrictos con respecto a la ética de poner a los muertos a descansar. Un problema principal fue la legalidad y la moralidad de enterrar a los muertos dentro de los límites de la ciudad. Fue casi unánime al principio mover a los muertos fuera del pomerium para asegurar la separación de sus almas de los vivos, y muchos políticos se mantuvieron asertivos en aplicar la idea en el Imperio. Cicerón les recuerda a sus lectores la Ley de las Doce Tablas : «Un muerto no será sepultado ni quemado dentro de la ciudad». (De legibus, 2, 23:5) Tres siglos después, Paulus escribe en su Sententiae «No se permite traer un cadáver a la ciudad en caso de que los lugares sagrados de la ciudad estén contaminados. Quien actúa en contra de estas restricciones es castigado con una severidad inusual. No se permite incinerar un cuerpo dentro de las paredes de la ciudad.» (1, 21: 2-3) Muchas ciudades y provincias romanas tenían reglas similares a menudo en sus estatutos, como la Lex Ursonensis.
Preparación del cuerpo
Cuando una persona moría en su casa, los miembros de la familia y los amigos íntimos se reunían alrededor del lecho de muerte. De acuerdo con una creencia que equiparaba al alma con la respiración, el pariente más cercano sellaba el paso del espíritu del cuerpo con un último beso, y cerraba los ojos. Los familiares comenzaban las lamentaciones, llamando al difunto por su nombre. El cuerpo, después, era colocado en el suelo, lavado y ungido. La colocación del cuerpo en el suelo es una señal de imitación del ritual de nacimiento, cuando el niño era colocado en la tierra desnuda. A los ciudadanos varones se les vestía con una toga y otros con atuendos apropiados para su estación en la vida. Los hombres que se habían ganado una corona llevaban una en la muerte, y coronas también se encuentran en entierros de iniciados en misteriosas religiones. Después de que el cuerpo estaba preparado, yacía en el atrio de la casa familiar (domus), con los pies apuntando hacia la puerta. Otras circunstancias se relacionaban con quienes vivían, como la mayoría de los romanos, en edificios de apartamentos (insulae), pero las prácticas de élite están mejor documentadas. Aunque el embalsamamiento era inusual y se consideraba principalmente como una práctica egipcia, se menciona en la literatura latina, con algunos ejemplos documentados por la arqueología en Roma y en todo el Imperio donde no se puede asumir ninguna influencia egipcia. Como los funerales de élite requerían arreglos complejos, el cuerpo tenía que ser preservado mientras tanto.
Otras costumbres
Cráneo romano con un óbolo en la boca (un dupondio de Antonino Pío).
El Óbolo de Caronte era una moneda colocada en o sobre la boca del difunto. La costumbre está registrada en fuentes literarias y atestiguada por la arqueología, y a veces ocurre en contextos que sugieren que pudo haber sido importada a Roma como lo fueron las religiones mistéricas que prometían el inicio de la salvación o el pasaje especial en la otra vida. La costumbre se explicaba por el mito de Caronte, el barquero que transportaba las almas de los recién muertos al otro lado del agua -un lago, río o pantano- que separaba el mundo de los vivos del inframundo. Los ejemplos arqueológicos de estas monedas, de varias denominaciones en la práctica, se han llamado «los objetos funerarios más famosos de la antigüedad». La moneda fue racionalizada como su pago; el satírico Luciano comenta que para evitar la muerte, uno simplemente no debe pagar la tarifa. Apuleyo en la historia de «Cupido y Psique» en Las metamorfosis, enmarcadas por la búsqueda de salvación de Lucio que termina con la iniciación en los misterios de Isis, Psique («Alma») lleva dos monedas en su viaje al inframundo, la segunda para permitir su vuelta o renacimiento simbólico. La evidencia del «óbolo de Caronte» aparece en todo el Imperio Romano de Occidente hasta bien entrada la era cristiana, pero en ningún momento y lugar fue practicado consistentemente y por todos. Luciano de Samosata satiriza el óbolo en su ensayo Sobre los funerales:
Las personas son absorbidas tan completamente por todo esto que cuando uno de los miembros de la familia muere, inmediatamente traen un óbolo y se lo ponen en la boca para pagarle al barquero por haberlo entregado, sin considerar qué tipo de moneda es habitual y corriente en el país y el mundo inferior y si es ateniense o es macedonio o es moneda de curso legal de Egina, ni tampoco que sería mucho mejor no pagar la tarifa, ya que en ese caso el barquero no los tomaría y serían escoltados a la vida otra vez.
Enterramiento del cuerpo
Tumba de los Escipiones, en uso desde el siglo III a. C.. hasta el siglo I
A pesar de que la inhumación se practicaba con regularidad en la Roma arcaica, la cremación era la práctica de enterramiento más común a finales de la República Romana y el Alto Imperio durante los siglos I y II. Las imágenes crematorias aparecen en la poesía latina sobre el tema de los muertos y el luto. En uno de los poemas latinos clásicos más famosos sobre duelo, Catulo escribe sobre su largo viaje para asistir a los ritos funerarios de su hermano, que murió en el extranjero, y expresa su dolor al dirigirse únicamente a las cenizas silenciosas. Cuando Propercio describe a su amante muerta, Cintia, que lo visita en un sueño, el vestido de la aparecida está quemado por el costado y el fuego de la pira ha corroído el anillo familiar que usa.
En el Bajo Imperio, la inhumación reemplazaría la cremación; una variedad de factores, incluyendo la disminución de los niveles de urbanización y los cambios en las actitudes hacia el más allá, contribuirían a este marcado cambio en las prácticas de entierro popular. El cuidado y el culto de los muertos no terminaba con el funeral y el período formal de luto, sino que se constituyó una obligación perpetua. Las libaciones fueron llevadas a la tumba, en rituales de cuidado de los muertos y algunas tumbas incluso estaban equipadas con «tubos de alimentación» a través de los cuales las ofrendas líquidas podían dirigirse a los muertos enterrados en el sepulcro. La libación era parte de los ritos funerarios romanos, y puede haber sido la única ofrenda de sacrificio en humildes funerales.
Arpagi
Los romanos se refirieron a los bebés que morían en la cuna como arpagi —arpagus en singular— para los que no se realizaban funerales. Sus cuerpos no eran cremados ni enterrados, y no se hicieron monumentos ni epitafios para ellos.[18] Finalmente, los bebés que habían vivido 40 días o más y se le habían cortado las uñas antes de su muerte se distinguían de los arpagi, siendo referidos como rapti, y eran incinerados.[18]
Ritos funerarios
Fragmento de un relieve de un sarcófago que representa las etapas de la vida del difunto: iniciación religiosa, servicio militar y boda. Mediados del siglo II
El llamado Togatus Barberini en los Museos Capitolinos puede representar a un senador sosteniendo dos retratos funerarios ancestrales
Los ritos funerarios se llevaban a cabo en el hogar y en el lugar del entierro, que estaba ubicado fuera de la ciudad para evitar la contaminación. La procesión fúnebre (pompa funebris) transitaba la distancia entre los dos.
Un gremio profesional llamado collegium de artistas especializados en música funeraria. Horacio menciona en los funerales la tuba y el cornu, dos instrumentos de bronce con forma de trompeta.
Elogio
El elogio (laudatio funebris) era una oración formal o panegírico en alabanza a los muertos. Fue una de las dos formas de discurso en un funeral romano, la otra era el canto (nenia). La realización está asociada con familias nobles, y las convenciones de palabras pronunciadas en el funeral de una persona común no se registraban. Mientras que la oratoria fue practicada en Roma únicamente para hombres, una mujer de élite también podría ser honrada con un elogio. Para las personas de sociedad prominente, el cortejo fúnebre se detenía en el foro para la entrega pública del elogio en la rostra.
Por lo tanto, una oración fúnebre bien expresada podía ser una forma de que un joven político se haga público. «El elogio de la tía Julia» (Laudatio Juliae Amitae), un discurso del joven Julio César en honor a su tía, la viuda de Gayo Mario, le ayudó a lanzar su carrera política como populista. La introducción de esta laudatio funebris se reproduce en la obra Divus Iulius del historiador romano Suetonio.
El epitafio del difunto en efecto era un resumen del elogio hecho visible y permanente, y podía incluir la carrera (cursus honorum) de un hombre que había ocupado cargos públicos. Al conmemorar hechos pasados, el elogio fue un precursor de la historiografía romana.
Sacrificios
Después de que el cuerpo fuera llevado al cementerio, se realizaba un sacrificio en presencia del cadáver. Hasta la época de Cicerón, era costumbre ofrecer una cerda a Ceres, que también era una ofrenda característica a las deidades ctónicas. La víctima sacrificada fue luego asignada para el consumo entre los participantes. La porción para el difunto fue puesta en un asador y quemada con el cuerpo. La porción de Ceres era quemada en un altar. La familia comió la porción que se debía a la vida. Una familia de medios menores ofrecía una libación de vino, incienso, productos o granos; la asignación de estas ofertas no están registradas. Después de este reparto, el difunto había hecho la transición y ya no podía compartir las comidas de los dioses vivos y domésticos; ahora participaba de lo que era apropiado para los espíritus de los muertos, los Manes.
Me parece interesante cómo los romanos veían la muerte como un proceso de respeto y continuidad.
LA VIDA MAS ALLA DE LA MUERTE
La vida de ultratumba romana implicaba un viaje peligroso para el alma del difunto, que debía ser despedido correctamente mediante ritos funerarios para convertirse en uno de los Manes, espíritus protectores familiares. Los Manes requería ofrendas de comida y bebida para aliviar su existencia en el inframundo, gobernado por Plutón. Las tumbas se ubicaban a la orilla de las calzadas, y los banquetes funerarios celebraban la memoria del difunto y su recuerdo en el hogar.
El viaje del alma:
Un aliento vital: El alma romana, identificada como un aliento vital, abandonaba el cuerpo y emprendía un viaje al más allá, lleno de peligros y en el que debía estar bien protegida.
Ritos funerarios: Era fundamental realizar los rituales de despedida adecuados para asegurar que el alma no se quedara atrapada en el mundo de los vivos ni se convirtiera en un espíritu vengativo (lémur).
El inframundo romano:
Gobernado por Plutón: Plutón era el rey del inframundo, el reino oscuro donde las almas esperaban su destino.
Una existencia de necesidades: Se creía que los muertos sentían hambre y sed, por lo que las familias realizaban ofrendas de alimentos y bebida en las tumbas para asegurar su sustento.
El culto a los Manes:
Manes protectores: Si el difunto era enterrado y honrado correctamente, se convertía en un Man, un espíritu familiar que debía ser honrado manteniendo siempre el fuego del hogar encendido.
Tumbas y memoria: Las tumbas se convertían en el hogar fijo de los Manes y estaban ubicadas al margen de las ciudades, a los lados de las calzadas, para que los muertos estuvieran en contacto con los vivos.
Las ofrendas y el recuerdo:
Comida y bebida: Se colocaban ofrendas de leche, vino, miel, pan y huevos en los sepulcros para los difuntos.
Ceremonias: Las familias y amigos celebraban banquetes para honrar al difunto, tanto después del funeral como en el aniversario de su muerte.
Las diferencias sociales:
Inhumación vs. cremación: Hasta el siglo II d.C., la cremación era la forma de enterramiento preferida por las clases nobles y ricas, mientras que la inhumación (en fosas comunes) era para los pobres y esclavos.
Sepulcros monumentales: Las tumbas de los ricos eran monumentos impresionantes, pero las de los pobres eran mucho más sencillas.
La visión romana del más allá me parece profunda porque unía el temor a los espíritus con el amor hacia los antepasados
OPINION PERSONAL
Me parece muy interesante cómo cada aspecto, templos, plantas sagradas, animales, objetos, mitos, ritos funerarios y hasta la visión del más allá, estaba conectado con sus valores, su política y su forma de entender el mundo. Creo que todo esto no solo les dio identidad, sino también unión social, ya que a través de la religión compartían costumbres, celebraciones y tradiciones que fortalecían a Roma.
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